miércoles, 9 de febrero de 2011


PARTICIPACIÒN INFANTIL Y ADOLESCENTE

Existen muchas maneras de implicar a los niños, niñas y jóvenes en el trabajo para el cambio, sea a nivel local o mundial. Sin embargo, desde el punto de vista de la Educación para el Desarrollo, no todas ellas constituyen “participación” en sentido estricto.
La participación infantil y adolescente, ha de entenderse como la implicación activa, voluntaria e informada de todos los niños, niñas y adolescentes en la toma de decisiones respecto cualquier asunto que les afecte directa e indirectamente. Si imaginamos la participación como la escalera de ocho peldaños de Roger Hart, el valor educativo aumenta cada vez que subimos un peldaño en la escalera.

8) Decisión inicial de los niños compartida con los adultos
7) Decisión inicial y dirección de los niños y niñas por los niños y las niñas
6) Decisión inicial de los adultos compartida
5) Consultados e informados
4) Asignados pero informados
3) Política de forma sin contenido
2) Decoración
1) Manipulación

Desde que en 1989 Naciones Unidas aprobó la Convención de los Derechos del niño, los niños y niñas pasaron de ser ‘objetos’ de protección a ser ‘sujetos’ de derecho, entre ellos el derecho legítimo a participar en todas aquellas decisiones que les afectan. Es un derecho que se ha de poder ejercer en todas las estructuras sociales, desde la familia al gobierno, desde el ámbito local al internacional, en función de la edad y madurez del niño y el adolescente.

La participación es una acción esencial para nuestro desarrollo personal. Permite el desarrollo de aptitudes fundamentales para adaptarnos a un mundo en constante cambio, como la capacidad de expresarnos con voz propia, de tomar decisiones, negociar diferencias, de comprometernos en un diálogo positivo o hacernos responsables de nosotros mismos, de nuestras familias, comunidades y sociedades.
Con frecuencia, encontramos que las personas adultas hablan de participación infantil cuando en realidad están utilizando las voces de los niños y jóvenes para defender sus propios objetivos. La auténtica participación exige comprender y trasmitir que los niños, niñas y adolescentes son personas activas, capaces de asumir responsabilidades y tomar decisiones siempre y cuando se les de la oportunidad de hacerlo desde los distintos contextos en los que tiene lugar su desarrollo.
Sin embargo, la participación tampoco significa respaldar todas las opiniones y puntos de vista siempre que provengan de un niño, niña y/o adolescente. Más bien, de lo que se trata es de entablar un diálogo y un intercambio que permita a niños y adultos aprender formas constructivas de influir en el mundo que les rodea. Y ese aprendizaje se consolidará y materializará en un acto participativo cuya forma dependerá de la maduración del niño y del contexto en el que tenga lugar y de la capacidad de escucha y consulta de los adultos.
Y… ¿cuándo se considera que un niño sabe lo bastante como para contribuir y participar de forma activa? Como respondió, Khairul Azri, de 17 años, delegado de Malasia ante la Sesión Especial de las Naciones Unidas a favor de la Infancia, “Si no se les da la oportunidad de participar, no adquirirán los conocimientos. Dadnos antes esa oportunidad y veréis como volamos”.
Por ello, desde la perspectiva de la Educación para el Desarrollo, hemos de trasmitir a los niños, niñas, jóvenes y adultos la importancia de la participación infantil, brindándoles la oportunidad de participar a través de proyectos de decisión inicial compartida con los adultos. Lo que implica que éstos sean la ayuda para los fines que los niños se proponen: dirigiéndolos hacia los recursos necesarios, prestándoles apoyo para el desarrollo de aptitudes necesarias y ayudándolos en la evaluación.
Este tipo de relación, último peldaño de la escalera, mejora el aprendizaje de los niños, establece un sentimiento de pertenencia común al proyecto y proporciona a los adultos la oportunidad de aprender del entusiasmo y creatividad de los más jóvenes.
 http://www.unicef.es/educacion/epd_participacion.htm 

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